Una conversación con la mujer detrás de la tarta que volvió loca a Xalapa

Gracias por recibirme en su casa, Simona. Es... preciosa.

Gracias a usted por venir. La mesa está puesta.

Antes de hablar de su famosa tarta... ¿me permite preguntarle a qué se dedica usted?

Me dedico a recibir. A cuidar. A que las sobremesas duren.

Eso, a veces, es más difícil de lo que parece. ¿Siempre fue anfitriona?

Siempre supe hacerlo. Desde pequeña entendí que el arte no estaba solo en los cuadros ni en los libros... sino en la manera en que haces sentir a la gente cuando cruza tu puerta. Lo demás es detalle.

¿De dónde aprendió todo esto?

De las mujeres que vinieron antes que yo. Y de las ciudades que caminé. No se aprende sólo en casa, ni sólo viajando. Se aprende mirando. Y yo miro mucho.

La gente dice que usted es una mujer elegante, sofisticada, una mujer de mundo... ¿qué opina?

[pausa larga] No sé qué significa eso exactamente. Pero supongo que, si lo dicen, algo de cierto habrá. Yo solo hago las cosas como creo que deben hacerse.

¿Qué hay en su cocina?

Silencios. Recetas escritas en papeles manchados de manteca. Un tocadiscos. Cuatro quesos que conversan entre ellos. Y mucha paciencia.

Hablemos de su tarta. ¿Por qué cuatro quesos?

Porque uno solo no basta para contar la historia completa. Uno le da carácter. Otro cuerpo. Otro cremosidad. Y el último... el último es el secreto. El que nadie adivina, pero todos recuerdan.

¿Cómo se le ocurrió reinterpretar la receta original?

Porque las recetas, como las mujeres, no deben quedarse quietas demasiado tiempo. Se reinventan. Se ajustan. Se afinan. No es falta de respeto a la tradición. Es cariño.

Hay quienes dicen que su tarta no es para cualquiera. Que impone. ¿Es cierto?

Eso no puedo responderlo yo. Lo que sé es que quien me prueba... vuelve. Eso es suficiente.

La gente también comenta que su tarta provoca cerrar los ojos. Que "te vuela la cabeza"...

Quizá porque no se espera nada así. La textura, la intensidad, la cremosidad casi líquida... es atrevida. Pero contenida. Como debe ser.

¿Por qué no tiene un local? ¿Por qué seguir en casa?

Porque las mejores cosas empiezan en casa. Y porque me gusta atender yo misma. Quizá algún día abra las puertas de un salón, pero por ahora, prefiero el calor del horno, el olor a mantequilla, y ver las caras de quienes vienen a recogerla.

¿Sus tartas siempre se acaban rápido?

Claro. No me gusta que nada se quede esperando demasiado. Las cosas buenas deben tomarse cuando están listas. Y yo lo estoy, todos los días, hasta que se terminan.

¿Por qué cree que su tarta es protagonista en cualquier mesa?

Porque no sabe quedarse al margen. Porque tiene carácter, pero no es arrogante. Porque no necesita alzar la voz para hacerse notar. Como yo, supongo.

¿Alguna vez le han preguntado qué quesos usa?

Todo el tiempo. Pero no es algo que deba contarse. Hay secretos que no tienen por qué decirse en voz alta.

¿Qué le diría a quien todavía no la ha probado?

Que no hay prisa, pero tampoco tiempo que perder. Que cuando esté listo, aquí estaré. Y que no se asuste si cierra los ojos sin querer. Es parte del ritual.